
Las entidades tendrán que describir qué escenarios geopolíticos les provocarían más daños.
Las entidades bancarias europeas ultiman los trabajos de la mano de firmas de consultoría para estar listas de cara a los novedosos test de estrés que prepara el Banco Central Europeo (BCE) y que está previsto que comiencen durante las primeras semanas de 2026.
Se espera que el supervisor publique la metodología definitiva de manera inminente. A partir de ese momento, cada banco tendrá que «documentar su escenario elegido y el análisis de impacto», explica en un documento la auditora KPMG.
A pesar de la falta de detalles, supervisores y bancos llevan meses preparando los test de estrés que examinarán al sector este año y que girarán en torno a los riesgos geopolíticos. Al tratarse de un ámbito tan amplio y complejo, el BCE ya adelantó el pasado verano que empleará una nueva metodología «inversa» para las pruebas de resistencia.
Como cada entidad tiene un perfil de riesgo único, el área de Supervisión del BCE, dirigida por Claudia Buch, aplicará un enfoque nuevo para tratar de averiguar qué tipo de amenazas geopolíticas pueden impactar más en el capital de cada banco.
En la metodología habitual, son los supervisores (el BCE y la Autoridad Bancaria Europea) quienes establecen unos escenarios más probables y más severos y cada entidad calcula cuál sería el impacto en capital de aplicarlos.
Pero el nuevo método cambia el orden de los factores y en 2026 serán las autoridades las que impongan un determinado impacto en capital y tendrán que ser los bancos quienes expliquen qué tipos de riesgos geopolíticos podrían provocar esos efectos negativos.
«Los test de estrés inversos proporcionan una perspectiva diferente a los exámenes estándar: en vez de evaluar cómo un banco se comportaría bajo un escenario común, se le pregunta qué tipo de shock llevaría a una fuerte reducción de la solvencia de cada entidad», según explicó Claudia Buch al anunciar los planes del BCE.
Los bancos tendrán que revisar las principales debilidades de sus modelos de negocios. «Esto podría incluir una concentración de préstamos en sectores expuestos a riesgos geopolíticos, o una dependencia de servicios o infraestructuras localizadas en geografías potencialmente inestables», añade KPMG, que puntualiza que, en cualquier caso, los escenarios planteados por las entidades tendrán que ser «plausibles».
Colaboración
En una comparecencia del pasado mes ante el Eurogrupo, el BCE dio algunos detalles iniciales sobre cómo planea llevar a cabo en la práctica estos nuevos test de estrés inversos.
El supervisor prevé apalancarse en esta ocasión en las herramientas de gestión de riesgos internas de los propios bancos (más que en los anteriores test de estrés).
Estos sistemas «proporcionarán información sobre las vulnerabilidades específicas a los riesgos geopolíticos», anticipó el BCE ante las autoridades comunitarias.
También el Parlamento Europeo ha analizado los planes del BCE para realizar unas pruebas de resistencia novedosas. El nuevo enfoque no solo «equipará a los supervisores» con escenarios específicos para cada banco sobre potenciales daños a la solvencia, sino que proporcionará un grado de «autoconsciencia» sin precedentes al sector sobre sus vulnerabilidades, advierten en un reciente informe los expertos independientes que asesoran a los eurodiputados.
El objetivo final de estas pruebas inversas será reducir la distancia que hay entre la evaluación de las debilidades bancarias por parte de los supervisores y de las propias entidades.
Pruebas sofisticadas y cada vez más exigentes
Los test de estrés cumplen en 2026 su decimosexto año desde que las autoridades continentales decidieron hacer públicos los resultados de estas pruebas que surgieron tras la crisis económica de 2008. Nacieron con la misión de asegurar que el sistema financiero europeo estaba dotado de bancos resilientes a vaivenes drásticos de la economía global. En este tiempo, el BCE y la EBA han pulido los test y los han adaptado al contexto económico del momento, haciéndolos más exigentes e incorporando más elementos de medición, como el riesgo crediticio o el de liquidez. También los han amoldado a las nuevas reglas de estabilidad financiera que han surgido. Ahora la banca está reglada por Basilea IV. La banca europea y, especialmente, la española ha demostrado en los últimos ejercicios estar plenamente preparada para capear un escenario de crisis económica severa. Las entidades han fortalecido sus respectivas posiciones de capital, liquidez y rentabilidad a la par que han logrado cosechar sus mayores resultados históricos.