La banca europea resiste al ‘shock’ geopolítico, pero el BCE alerta de planes demasiado optimistas para afrontar una crisis

La banca de la zona euro mantendría una posición de capital y liquidez que el Banco Central Europeo (BCE) considera sólida, incluso ante escenarios de fuerte deterioro geopolítico, según las conclusiones de los test de estrés inversos realizados este año por el supervisor y cuyos resultados se han publicado este viernes.

Sin embargo, Fráncfort advierte de que algunas de las medidas que los bancos prevén activar para amortiguar el golpe pueden resultar demasiado optimistas o difíciles de ejecutar si la crisis fuera sistémica.

A diferencia de un test de estrés convencional, en el que el supervisor proporciona un escenario común y pide a los bancos que calculen su impacto, en este caso las entidades partieron de una premisa distinta.

El BCE fijó como escenario una caída de al menos 300 puntos básicos del ratio CET1 y cada entidad tuvo que identificar qué escenario geopolítico podría provocar ese deterioro en función de sus propios negocios y exposiciones. Además, el supervisor preguntó a los 110 grupos participantes cómo afectaría el escenario resultante a su posición de liquidez y a sus riesgos no financieros.

El resultado agregado muestra una banca con un colchón de capital sostenido. En los escenarios planteados por las entidades, la ratio CET1 pasaría del 15,5% de partida al 12,1%, lo que supone un descenso de 340 puntos básicos. El BCE subraya que, incluso después de ese impacto, las ratios se mantienen en niveles que considera cómodos.

Acciones para mitigar el impacto

Los bancos incorporaron a sus simulaciones distintas medidas para mitigar el impacto, desde la captación de capital mediante nuevas emisiones hasta la venta de activos, negocios o carteras, pasando por reducciones de costes, un endurecimiento de las condiciones de crédito, menores dividendos o cambios en los márgenes. Esas acciones han sido planteadas por entre un 40% y un 60% de las entidades.

Si se tienen en cuenta esas actuaciones, el CET1 agregado se situaría en el 13,5%, frente al 12,1% registrado inicialmente en el escenario de estrés.

Sin embargo, Fráncfort pidió cautela a la hora de valorar esa capacidad de reacción, ya que algunas medidas que parecen razonables si ejecutadas de forma aislada pueden perder eficiencia en medio de una crisis geopolítica sistémica.

Para el BCE, la cuestión clave no es solo que los bancos dispongan de planes de contingencia, sino que estos sean realistas y ejecutables cuando los mercados estén bajo presión.

Además de detectar un exceso de optimismo en las medidas identificadas para mitigar el impacto, el supervisor considera relevante mejorar la interacción entre solvencia y liquidez.

Las crisis anteriores muestran que las tensiones de financiación y liquidez pueden terminar afectando a la posición de solvencia de los bancos, por lo que el BCE pide a las entidades que ambos riesgos se incorporen de forma más integrada a los ejercicios de estrés.

Riesgos identificados

Los bancos construyeron escenarios que combinan varios shocks, como conflictos militares, disrupciones de las cadenas de suministro, tensiones comerciales y efectos sobre la confianza en los mercados financieros.

La escalada de la guerra entre Rusia y Ucrania así como las tensiones entre Estados Unidos y China, incluida la relación entre el gigante asiático y Taiwán, aparecieron de forma recurrente. Alrededor de una cuarta parte de los bancos mencionó expresamente una escalada de los conflictos en Oriente Medio, incluido un posible cierre del estrecho de Ormuz.

Las entidades señalaron la banca comercial y la banca minorista entre las líneas de negocio más afectadas por una crisis.

Las pérdidas por deterioro previstas en los préstamos se concentrarían en sectores más vulnerables a las perturbaciones del comercio, la energía y la cadena de suministro, como la agricultura, la construcción, la industria manufacturera y el transporte.

Ciberataques

En los test de estrés inversos, los bancos informaron también sobre los riesgos no financieros que podrían materializarse en sus escenarios de riesgo geopolítico.

Entre las disrupciones más señaladas figuran los ciberataques, mencionados por 86 de los bancos participantes, y la interrupción de los servicios de proveedores externos, citada por 44 entidades.

El BCE aclaró que el ejercicio tiene un carácter cualitativo y no implica ajustes directos de los requerimientos de capital. El objetivo es que los bancos identifiquen de forma más crítica y específica cómo un shock geopolítico podría afectar a su solvencia, liquidez y resiliencia operativa.