
El Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) está investigando si los operadores de Barclays falsearon la naturaleza de préstamos de crédito privado —activos ilíquidos— con el fin de subestimar su riesgo, tras recibir una denuncia interna.
La Autoridad de Regulación Prudencial (PRA) del Banco de Inglaterra recibió una queja a principios de este año sobre la forma en que el banco registraba los derivados utilizados para financiar préstamos de crédito privado, según fuentes cercanas al asunto. Dichas fuentes señalaron que, según la denuncia, la gestión de estas operaciones por parte del banco infringía la normativa de la PRA.
Los bancos han contribuido al boom del sector del crédito privado —que actualmente asume gran parte de la concesión de préstamos a empresas de mayor riesgo, una actividad que antes realizaban los propios bancos— al proporcionar cientos de miles de millones de dólares en financiación a este sector.
La queja se centra en la asignación, por parte de Barclays, de swaps de rentabilidad total vinculados a préstamos de crédito privado ilíquidos a su cartera de negociación, según las fuentes.
Estos swaps son derivados que permiten al banco financiar préstamos para fondos de crédito privado, transfiriendo al mismo tiempo el rendimiento económico al cliente a cambio de una comisión.
Los bancos clasifican sus activos en su cartera bancaria o en su cartera de negociación; esta decisión determina, en gran medida, la cantidad de capital que deben reservar para cubrir posibles pérdidas.
La cartera bancaria incluye préstamos más difíciles de vender, que requieren una mayor dotación de capital como protección frente a posibles pérdidas; por el contrario, la cartera de negociación está destinada a activos que pueden venderse con facilidad.
La asignación indebida de activos ilíquidos a la cartera de negociación podría reducir los requisitos de capital y aumentar la rentabilidad.
Barclays ha acumulado una exposición de miles de millones de dólares a préstamos de crédito privado mediante el uso de estos derivados, según fuentes conocedoras de las posiciones del banco.
La normativa de la PRA prohíbe a los bancos asignar a su cartera de negociación derivados respaldados por activos ilíquidos, a menos que puedan aportar pruebas suficientes que justifiquen dicho tratamiento.
El año pasado, en una carta dirigida a los directores financieros, la PRA advirtió explícitamente a los bancos que no intentaran eludir las normas de capital mediante la reconfiguración de activos ilíquidos como si fueran activos negociables. «Hemos detectado que, en determinadas carteras de financiación, los bancos han adoptado un enfoque imprudente en lo que respecta al reconocimiento de garantías a efectos de capital regulatorio, lo que deriva en una posible subcapitalización frente a los riesgos», señaló la PRA en la carta.
«La reestructuración de activos ilíquidos en un formato negociable no es suficiente, sin las pruebas que lo respalden, para justificar el tratamiento de capital regulatorio propio de la cartera de negociación», añadió.
Los préstamos de crédito privado suelen considerarse ilíquidos, ya que no pueden negociarse en mercados secundarios y carecen de una valoración diaria a precios de mercado. La valoración de estos préstamos se sitúa en el centro de las preocupaciones sobre los posibles riesgos en el sector del crédito privado, un mercado valorado en 2 billones de dólares.
Los reguladores de Europa, Reino Unido y EEUU han advertido que estas valoraciones podrían dejar a los prestamistas expuestos a pérdidas en caso de una ralentización del mercado, y que los vínculos entre los bancos y los fondos de crédito privado podrían estar contribuyendo a generar riesgos sistémicos.
Los préstamos de crédito privado que sirven de base a estos derivados deberían, por norma general, figurar en la cartera de inversión a la que se aplican requisitos de capital más elevados.
En opinión de una de las personas consultadas, los operadores de Barclays aseguran que, al haber cubierto su exposición a los préstamos de crédito privado mediante una operación equivalente con otra contraparte, lo que se conoce como un swap de rentabilidad total de tipo espejo, dicha exposición ha pasado a considerarse una «posición negociable«, a pesar de que el préstamo subyacente al swap carece de liquidez.
Las acciones del banco cayeron un 1,5% durante las primeras operaciones del lunes.
El uso de swaps de rentabilidad total en la financiación mediante crédito privado es un fenómeno relativamente reciente, que ha cobrado impulso a medida que los fondos han buscado formas de aumentar su endeudamiento utilizando como garantía los préstamos concedidos a empresas privadas.
«Es una de esas situaciones que han prosperado, en parte, porque los mecanismos de control han fallado», señaló una de las personas consultadas.
La queja contra Barclays llega en un momento delicado para la PRA cuya CEO, Katharine Braddick, trabajó en el banco justo antes de asumir su cargo en el sector público este mismo año.
Braddick debe abstenerse de intervenir en cualquier asunto relacionado con su antiguo empleador hasta finales de año, a fin de evitar un posible conflicto de intereses.
Por su parte, Barclays afirmó que «toma muy en serio sus obligaciones regulatorias en los mercados en los que opera», añadiendo que «no hace comentarios sobre sus interacciones con los organismos reguladores». El Banco de Inglaterra (BoE) declinó hacer comentarios.
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