Trump no es un ser rebosante de ideas, pero bajo el trumpismo hay quien las tiene. Detrás de sus simplezas asoma un fenómeno complejo: la visión de un mundo proyectada eficazmente con mensajes coloquiales fácilmente digeribles. Hace unos días recordó que fue elegido “para representar a los habitantes de Pittsburgh, no de París”. Justificaba así su salida del acuerdo climático rehabilitando uno de los archipiélagos de la Alt Right, el viejo paleoconservadurismo de los tres ismos:nacionalismo, proteccionismo y aislacionismo.

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