El abono intelectual del populismo

Occidente ha enfermado de populismo, con consecuencias que podrían ir de lo ruinoso a lo catastrófico. A menudo, se culpa a las viejas élites, por su corrupción y pasividad. Pero la corrupción había sido tolerada y las élites nunca habían estado tan dispuestas a complacernos. El virus populista sólo ha podido arraigar en un clima intelectual viciado. Se ha incubado con la ayuda encubierta de quienes, con su crítica simplista y sin admitir nunca su propia culpa, han alimentando esa visión maniquea, ocultando de paso la gran mentira: la brecha que existe entre nuestros recursos y nuestros deseos.

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