En su informe anual, el Banco Internacional de Pagos (BIS por sus siglas en inglés) admite los problemas que conlleva la globalización: por un lado, las ganancias «no han sido distribuidas por igual»; perjudica a los poco cualificados de los países ricos, sobre todo en regiones e industrias determinadas, y ha estancado el crecimiento de la clase media alta. En cambio, beneficia a los más formados, a los ricos y a los trabajadores de los países emergentes.