Uno de los aspectos positivos de la moción de censura contra Rajoy, discutida en el Parlamento la pasada semana, ha sido la de ayudar a emerger con fuerza uno de los aspectos que debilitan la calidad de la democracia española: el capitalismo clientelar, esa especie de corrupción indirecta que es el uso del Estado, sus instituciones, sus departamentos ministeriales,… para favorecer los intereses económicos y electorales del partido en el Gobierno y sus amigos. Es lo que en ese debate se denominó «parasitación de las instituciones», que el presidente de Gobierno dijo no entender.

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