Polonia y Hungría no han acogido a un solo refugiado desde el estallido de la crisis migratoria. Liderados por Gobiernos ultranacionalistas, esos dos países se niegan a acoger inmigrantes por las más diversas razones, incluidas las religiosas. Bruselas les ha abierto ya expediente sancionador; Alemania y otros países amenazan con presionar para recortar los fondos estructurales y de cohesión si no cambian sus políticas. La Comisión Europea acaba de poner rumbo hacia ese puerto: el brazo ejecutivo de la UE plantea en un jugoso informe de 33 páginas, El futuro del presupuesto de la UE en 2025, reformar la política de cohesión (cuyos destinatarios son precisamente los del Este) para incluir nuevos criterios en el reparto.