La OPEP tomó en noviembre del año pasado una decisión revolucionaria: por primera vez en ocho años, los mayores productores de petróleo —el cartel reúne un tercio de la oferta mundial— estaban dispuestos a reducir su oferta. En mayo, fueron un poco más allá. El grifo del oro negro continuaría medio abierto por lo menos hasta marzo de 2018. Todos estos esfuerzos se están dando cabezazos contra la realidad. El crudo, cuyo precio ha caído un 20% desde principios de 2017, continúa a la baja. Y la perspectiva de un barril brent, el de referencia en Europa, entre 50 y 60 dólares se aleja.