La casa en la playa, el coche, la bici, pero también la lavadora, la ropa o las plantas. Si hace unos años el deseo de poseer algunos de estos bienes hubiera llevado casi automáticamente a adquirirlos en propiedad, o por lo menos, a intentarlo, ahora es cada vez más fácil y común alquilarlos durante un tiempo. El auge del alquiler, que desplaza la vieja idea de propiedad, se explica en parte por un cambio de patrones culturales y económicos. “Hace unas décadas, el alquiler no estaba bien valorado, puesto que era símbolo de bajo poder adquisitivo”, señala la profesora de la escuela de negocios EAE, Debora González Celdrán. “Eso ya no es así”. Según esta experta, la apuesta de la sociedad por la modificación en sus hábitos de consumo “no es una moda pasajera”, sino un elemento que ha venido para quedarse.