El BCE es la institución europea que más reforzada ha salido de la crisis. De la mano de Draghi —con aquel legendario “haré todo lo necesario y, créanme, será suficiente”—, salvó varias pelotas de partido y supo enfrentarse a Berlín con medidas como la compra de deuda y los tipos negativos. El consejo del BCE fue crucial en esas decisiones (y en otras más controvertidas, como la presión en los rescates a Grecia y a España), y lo seguirá siendo en los años que vienen, complicados como de costumbre. Por eso es casi cuestión de Estado volver a él: en mitad de la crisis, el Gobierno de Rajoy presentó un candidato erróneo, el jurista Antonio Sáinz de Vicuña, y perdió esa mano con un peso ligero, el luxemburgués Yves Mersch. Mersch sustituyó a José Manuel González Páramo y dejó a España fuera del sanedrín de Fráncfort. “España tiene buenas opciones para volver, pero necesita un candidato impecable”, coinciden las fuentes consultadas.