Alicia tiene 26 años, vive en Barcelona y trabaja en una empresa en atención al público. Llevaba 10 años en pisos compartidos, pero en febrero decidió irse a vivir con su pareja. Empezó a buscar una vivienda de alquiler. “El panorama que he encontrado ha sido desolador”, cuenta. En estos meses ha visto de todo. “Fuimos a visitar un piso pequeño porque nos pareció que el precio era bueno”, recuerda. Unos 30 metros por los que pedían 550 euros en el barrio del Born, el centro. “Era un séptimo sin ascensor. Un palomar reconvertido en vivienda. El baño era un armario. Todo viejo. Y aún así, había 20 personas esperando para verlo”, recuerda.