En estas más de dos décadas, el país norteamericano ha dado un paso de gigante. Pese a las reticencias de una buena parte de la sociedad, los beneficios son indudables. Unos 470 millones de personas comercian libremente desde 1994. El TLC representa más de la cuarta parte del PIB mundial y el de los tres países que lo integran ha crecido alrededor del 2,6% anual desde que el acuerdo entró en vigor. Las exportaciones mexicanas pasaron de unos 100 millones de dólares por día en 1993 a cerca de 1.000 millones. Además, los flujos de inversión extranjera a México se multiplicaron casi por 10: pasaron de una media anual de 2.000 millones de dólares en el lustro previo a la firma del TLC a 20.000 millones. Más allá de lo estrictamente comercial, el tratado permitió afianzar la institucionalidad en México y dio certeza a los inversores con reglas de juego que no existían. Aportó, en definitiva, estabilidad macroeconómica a la segunda potencia latinoamericana.