La solución, rápida y contundente, a la crisis del Banco Popular, decidida por la Junta Única de Resolución (JUR), con sede en Bruselas, mediante la venta a cambio de un euro al Santander, ha sido considerada, con razón, como un precedente valioso y modelo para futuras actuaciones en el sistema financiero europeo. Se valoraron, acertadamente, tres condiciones básicas en toda intervención bancaria: no hubo contagio al resto del sistema, se operó con rapidez y, en fin, la venta evitó la aportación de dinero público. Sin embargo, en el devenir posterior han surgido algunas dudas razonables sobre algunos detalles de la actuación de las instituciones bancarias. Esas dudas deben despejarse en beneficio de la transparencia institucional, de la credibilidad de futuras resoluciones y, también, de la integridad y futuro de la, muy necesaria, unión bancaria europea.