Cuando el mercado inmobiliario empieza a dar señales consistentes de mejora en determinadas zonas de la geografía patria, surge de nuevo una pregunta a la vez pertinente y falaz: ¿Compro mi casa o sigo de alquiler? Es una cuestión pertinente, porque ocuparse y preocuparse de formar un hogar en un inmueble concreto es un tema financiero de capital importancia. Pero, a la vez, es una cuestión falaz, porque la compra de un inmueble y su alquiler no son contratos comparables.