26 de abril de 2013. Tras el Consejo de Ministros, comparecieron cariacontecidos la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el ministro de Economía, Luis de Guindos. Con la imagen de esos tres semblantes adustos, el Gobierno escenificó en esa rueda de prensa una suerte de funeral de la economía española. Presionados por Bruselas, tenían que recortar el déficit público en unos 25.000 millones en cuestión de meses. De llevar a cabo semejante ajuste, la recuperación se habría hecho imposible. Y eso lo plasmó entonces el Ejecutivo en unas previsiones desalentadoras: la economía no lograría crecer por encima del 1% hasta tres años más tarde, en 2016. El FMI y la Comisión Europea corroboraron esos pronósticos. El drama parecía no tener fin tras seis años de crisis. Por aquel entonces ya se había desplomado casi un 10% del PIB. Era el punto más bajo de la crisis. En las siguientes encuestas, cundió el desánimo y la intención de voto al PP se hundió.