La desigualdad económica tiene defensores, aunque parezca mentira. Algunos economistas suponen que es necesaria para sostener el crecimiento, porque entre los pilares de una sociedad normalmente constituida está la retribución del esfuerzo y de la calidad. Tal principio nunca ha estado en discusión. El foco de atención se ha centrado en calcular cuál es el punto de desigualdad a partir del cual puede decirse que es excesiva o desincentivadora del cuerpo social. Esa sociedad normalmente constituida debe fundamentarse en el reconocimiento del mérito; pero también en que es inadmisible una retribución que no corresponda a tales méritos. El abanico salarial no puede ofrecer una amplitud tal que la distancia entre los que más ganan y los que menos transmita la percepción de una sociedad que camina hacia órdenes propios de Un mundo feliz.

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