Mario Draghi reclama más alzas salariales para completar la recuperación

Este martes se cumplían solo cinco días del paquete de Riga, el doble anuncio de que entre otoño y final de año el BCE dejará de comprar bonos públicos y privados, y que en verano de 2019 podrá subir el tipo de interés del euro. Esas novedades fueron bien acogidas por tirios y troyanos, halcones y palomas. Aquellos, porque la política monetaria por fin se endurece, y crea espacio para volver a relajarse si comparece otra crisis. Estos, porque la sacudida quedó sometida a condiciones: que los malos augurios globales (proteccionismo rampante, precio del petróleo nervioso, vaivenes financieros imprevisibles) no estropeen la buena racha de la eurozona.

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