La escena sucedió esta semana frente al Congreso de los Diputados. Graciela, Rafaela, Marta y muchas otras mujeres de edades y procedencias distintas se saludaban con largos besos, abrazos y preguntas de ¿cómo estás, hermosa? Una ofrecía cerezas de un tupper.Otra decía que, tras todo el día sin parar, tenía que comer un bocadillo si no quería acabar desmayada. Se preparaban para el próximo reto: reunir a cuantas más compañeras mejor como forma de presión. Al preguntarle a una por el número de manifestantes que esperaba, respondió con sorna que más de 100.000. “En el fondo es verdad. Porque cada una de nosotras vale por diez”, añadió ya en un tono más serio, adoptando un aire casi de heroína.