El día que Repsol decidió vender naranjas en sus estaciones de servicio se produjo un cierto revuelo interno. “¿Qué tipo de empresa somos?”, se preguntaron algunos directivos de la petrolera. Salvando las distancias, hace algunos años la cuestión volvió al primer plano cuando en todo el mundo comenzaron a tomar cuerpo las innovaciones en materia de movilidad eléctrica. “¿Somos una empresa que vende gasolina o una empresa que ofrece repuestas energéticas a lo que la gente necesita?”, se preguntaron entonces. La respuesta fue la segunda. Decidieron impulsar un cambio que, a priori, podría entenderse como un tiro en el pie: profundizar en la investigación del vehículo eléctrico.