En busca del aperitivo perfecto

“El germen de la empresa lo puso mi abuelo [José Gregori Furio] en 1929 vendiendo frutos secos a granel. En los años sesenta siguieron mi padre y mi tío [Agustín y Alfredo], que son gemelos”, explica Agustín Gregori, actual consejero delegado. En los ochenta se les ocurrió tostar cacahuetes en un horno de pan y en 1986 Grefusa ya facturaba 400 millones de pesetas (2,4 millones de euros). “Ahí fue cuando mi tío tuvo su primera visión: se le metió en la cabeza que los frutos secos iban a ir mal. Sabía que no eran un producto diferenciado, no había denominaciones de origen… Viendo que la venta se concentraba en grandes superficies, pensó que acabaríamos en manos de marcas de distribución”, continúa Gregori.

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