Durante los últimos días se han dado dos imágenes complementarias del país, sólo aparentemente contradictorias: el “lleno hasta la bandera” de la Semana Santa y el hecho de que cuatro de cada 10 ciudadanos viven en hogares sin capacidad para afrontar gastos imprevistos. Son “los invisibles”. Este es un síntoma de una sociedad más dual que nunca, instalada en un crecimiento mal repartido: la desigualdad no sólo se mantiene después de la Gran Recesión sino que aumenta, y los caminos de la movilidad social son cada vez más intransitables, sobre todo para los jóvenes.