El kazajo Tair Assimov decidió vender su casa en Finlandia y mudarse a Barcelona sin haber puesto nunca antes un pie en la ciudad. Quería escapar de los inviernos escandinavos y lo que averiguó por internet le pareció suficiente. “El clima, la cultura, el estilo de vida…”, enumera Tair. Convenció a su esposa, Olessya, inscribió a su hija en una escuela internacional y dio el salto en 2013. “No ha habido un solo día en el que nos hayamos arrepentido de nuestra decisión, solo de no haberla tomado antes”, dice este ingeniero informático de 34 años nacido en Almaty, formado en Helsinki y fundador de dos startups. Como emprendedor, tenía la libertad de elegir dónde quería vivir. Y eligió Barcelona.