Bruselas recetó una severa cura de austeridad y varias dosis de reformas laborales a España durante la crisis. Pero la tasa de temporalidad, después de dos reformas en un lustro, está en máximos. La reforma no ha reducido la dualidad: las diferencias entre los trabajadores más protegidos por los contratos fijos y los temporales es sobresaliente. Marianne Thyssen recibe a EL PAÍS en un luminoso despacho de la Comisión Europea y responde al hecho de que la misma institución que prescribía recortes y reformas en la periferia protagonice ahora un giro y regrese a la agenda social. ¿Ese giro no entraña una paradoja? “La dualidad en el mercado de trabajo español no es consecuencia de la reforma laboral que promovió la Comisión, sino de la crisis”. “Gracias a las reformas el crecimiento ha vuelto, el desempleo se reduce, el paro juvenil baja. Las mejoras están ahí”, añade.