El lema de los inicios de Facebook es un pilar de Silicon Valley: “Muévete rápido, rompe cosas”. La aplicación para el transporte de viajeros Uber hizo suyas estas palabras con especial énfasis. En apenas ocho años de vida, se ha convertido en la startup mejor valorada de la historia, con más de 60.000 dólares de supuesto valor, aunque al no estar en Bolsa, es difícil de estipular con exactitud. Nunca una compañía había roto tantas normas, puesto el transporte de las ciudades en jaque y tampoco una aplicación se había internacionalizado tan pronto. Pero desde febrero vive en una montaña rusa constante. La semana pasada su fundador y consejero delegado, Travis Kalanick, dio un paso atrás, forzado por el consejo a tomarse una excedencia oficialmente de un tiempo. Tras de sí, deja una cascada de salidas y dimisiones.