La sentencia del juez sevillano Pedro Márquez que obliga a Abengoa a pagar la deuda que le reclaman un grupo de acreedores-bonistas —que habían impugnado el plan de salvamento de la compañía— ha devuelto a la firma a la sala de urgencias, un sitio del que quizá nunca ha llegado a salir del todo. De repente, justo cuando estaba intentando dar la imagen de una mejoría con algunos contratos, se encuentra con que tiene que abonar 100 millones de euros (de los que la empresa reconoce 72) de forma inmediata. Y estos podrían aumentar a 216 millones si se ejecutan varios avales comprometidos con firmas multinacionales.