Llevaba años retirado en su encantadora casa de Småland (sur de Suecia), una vivienda sencilla en la que se había permitido un único lujo: una piscina donde antaño cerraba acuerdos comerciales con los proveedores. “No vuelo en primera clase, y los ejecutivos de las tiendas tampoco”, sentenciaba a menudo Feodor Ingvar Kamprad (Suecia, 1926). Compraba ropa de mercadillo, se alojaba en hoteles baratos y no le importaba adquirir productos a punto de caducar. El fundador de Ikea fallecía el sábado “en calma y rodeado por sus seres queridos”, según una nota de la empresa. El testamento no se ha hecho público.