Cuando en 2011 Pepita Marín y Alberto Bravo dejaron sus trabajos en PricewaterhouseCoopers (PwC) para montar una empresa que vendía ovillos de lana y agujas para enseñar a tejer, no hubo casi nadie en su entorno que no se llevara las manos a la cabeza. Hoy, siete años después, la sede central de We Are Knitters, en Madrid, emplea a casi 30 personas y cerró 2017 con 6,7 millones de euros de facturación. También a finales del año pasado cuadró sus cuentas por primera vez, aunque aún está lejos de obtener beneficios. Opera en 13 países y el 95% de sus ventas son fuera de España, sobre todo en Alemania, Francia y Estados Unidos.

Seguir leyendo.