Jeff Bezos decía ayer en la junta general de accionistas de Amazon que no estaba dispuesto a dormirse en los laureles. La ironía es que el fundador del portal de comercio electrónico, que empezó vendiendo libros por Internet, estrena su primera librería física en Nueva York en el mismo espacio que ocupaba la quebrada Borders, una de las primeras víctimas de la disrupción digital. Los datos son críticos en su concepto.