Amenazas para la recuperación

Una cosa es defender que existan condiciones objetivas regulares para mantener y aumentar la inversión y otra bien distinta es intentar una medición del estado de optimismo o pesimismo empresarial. Sin entrar en las dificultades para medir el estado de ánimo, por fuerza heterogéneo e indemostrable, de un universo social que hace precisamente de su disposición anímica una herramienta de trabajo, parece claro que existen varios factores políticos que influyen sobre tal disposición, pero son factores secundarios que no deberían prevalecer sobre los parámetros primarios. Como, por ejemplo, las expectativas de crecimiento del mercado correspondiente, la rentabilidad marginal de la inversión o la disponibilidad de crédito. Vamos a dar por bueno (beneficios cantan, al menos en las grandes empresas) que las condiciones objetivas han mejorado en general, sin excesivos entusiasmos y que esa mejora se ha sostenido al menos desde 2015. Así pues, habría de deflactar los indicios de pesimismo empresarial que se aprecian en los últimos meses.

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