En teoría , el juego es uno de los negocios con más futuro. Explota la tendencia natural del individuo a enriquecerse con el azar; es el mismo resorte que lleva a buscar oro o especular en Bolsa. La búsqueda de la ganancia fácil tiene una gran variedad de tonos y timbres éticos; se repudia moralmente la ruleta, pero no se penalizan otros azares. Por otra parte, cuando se rodea de una estructura racional de explotación, la afición al juego se convierte en una fuente de trabajo. En realidad, lo que convierte al juego en un mal social es que se pretenda imponer mediante ventajas públicas. En todo caso, el juego no tiene una buena reputación social y esa debilidad es un hándicap de consideración para el negocio.