Los primeros banqueros españoles que entran en prisión desde que estalló la crisis financiera (solo precedidos por la fugaz estancia entre rejas de Blesa por motivos preventivos) han aceptado cumplir las normas del módulo de respeto, que básicamente obligan a seguir unos horarios a rajatabla, a ducharse todos los días, a limpiar el retrete y la ducha de la celda, a hacer bien la cama, a formar parte de equipos de mantenimiento de las zonas comunes y a evitar los choques con los otros reclusos. El que fue histórico presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso; su mano derecha y exdirector general de Novacaixagalicia (la entidad resultante de la fusión de las cajas gallegas del norte y del sur), José Luis Pego; y el responsable de la oficina que llevó a cabo esta integración, Óscar Rodríguez Estrada, ingresaron en la prisión pontevedresa de A Lama el pasado lunes. Otros dos compañeros, Gregorio Gorriarán y el abogado Ricardo Pradas, lo hicieron en la de Soto del Real. La Audiencia Nacional ordenó su arresto para «evitar la impunidad» y porque no llegaron a pagar la indemnización de 10,4 millones impuesta en concepto de responsabilidad civil después de que fuesen condenados por apropiación indebida y administración desleal a dos años de cárcel.