Parecía un bazar más de la localidad gaditana de Puerto Real, uno de esos establecimientos en el que lo mismo hacen fotocopias que venden un refresco. Sin embargo, la Guardia Civil sabía que algo se escondía tras esa aparente normalidad. Hasta tres visitas les costó confirmar su sospecha. Lo que parecía un simple espejo, embutido en la pared del cuarto de baño, era la puerta a un zulo pertrechado con centenares de cajetillas de tabaco ilegal. La elaborada artimaña está lejos de ser una excepción para la Guardia Civil y la Agencia Tributaria. Falsas bombonas de butano, congeladores o dobles fondos de mostradores son algunas de las molestias que se toman en los establecimientos que participan de la red de contrabando ilegal de tabaco. Son el último eslabón de un fraude que, anualmente, le cuesta al Estado unos 900 millones de euros anuales, según cálculos de la tabacalera Altadis.