
División de los inversores entre quienes creen que se produjo un exceso de confianza en una segunda opa y quienes critican al oferente por no hacer una buena campaña para convencer a los accionistas.
El resultado de la oferta pública de adquisición (opa) hostil de BBVA sobre Sabadell ha causado una fuerte sorpresa entre los analistas e inversores internacionales.
Una clara mayoría de los grandes fondos, de acuerdo a una encuesta de Citi, esperaba que BBVA obtuviera una aceptación de entre el 30% y el 50% del capital de Sabadell y presentara luego una segunda opa. Solo un 11% anticipó el desenlace que se ha producido.
Entre los participantes del mercado consultados por EXPANSIÓN, existen varias teorías para el fracaso. Ya contaban con una baja aceptación entre los pequeños accionistas de Sabadell, pero les desconcierta el escaso apoyo entre el 35% en manos de fondos institucionales activos y el 20% de los fondos pasivos.
Algunos explican que algunos accionistas, al anticipar que habría una segunda opa en metálico, han optado por quedarse a la espera, sin acudir a la actual oferta. Consideran que BBVA provocó en parte este exceso de confianza al comunicar durante el periodo de aceptación que las cosas iban muy bien en sus conversaciones con los socios institucionales.
Tampoco acabó BBVA de convencer a algunos inversores con el mensaje de que la segunda opa, de producirse, sería al mismo precio, por lo que se quedaron esperando. Por el contrario, quienes sí lo creyeron y querían cambiar sus acciones por efectivo habrían vendido ya en el mercado, en lugar de ir a la opa. Es decir, unos por anticiparse y otros por esperar a la segunda vuelta, pocos fueron a la actual operación. BBVA contaba con Georgeson como asesor en los contactos con inversores.
Para otros, al margen de cuestiones tácticas, el problema ha sido que la oferta no acabó de convencer a muchos accionistas, ni por precio ni por los problemas para la integración de BBVA y Sabadell que suponían las condiciones impuestas a la opa por el Gobierno.
Según resume un inversor internacional, «se pueden dar varios motivos para la baja aceptación. Los fondos de arbitraje [cazaopas] tenían una participación más baja de lo habitual [alrededor del 5%]; los fondos pasivos tomaron una posición conservadora a la hora de anticipar el futuro peso de Sabadell en los índices, por lo que acudieron con muy pocas acciones; los minoristas fueron convencidos por el programa de dividendos de Sabadell; y los institucionales no vieron que la oferta mejorara mucho la valoración de las perspectivas de Sabadell como entidad independiente».
Según Íñigo Vega, analista de Jefferies, «si la operación era percibida en general como un buen movimiento estratégico a largo plazo para BBVA, aunque una rémora a corto plazo por la oposición política y las sinergias aplazadas por los 3 años sin poder fusionarse, es justo pensar que ahora se aplica lo opuesto. Aunque no vemos claros caminos inorgánicos para que BBVA aumente su escala en España, el banco tiene suficiente munición [en forma de dividendos y recompras] para dejar un decente regusto [a los accionistas]».