BCE: los bancos mejoran en la gestión de los riesgos climáticos y naturales, pero queda tarea

Las entidades europeas están más avanzados en la cobertura de los riesgos climáticos y relacionados con la naturaleza en el de crédito, pero menos en otras categorías de riesgo, como el operativo o el de mercado.

«En 2019 menos de una cuarta parte de los bancos de la zona euro habían reflexionado sobre cómo el calentamiento global y la pérdida de la naturaleza afectaban a su propia gestión de riesgos. Hoy cuentan con un número creciente de prácticas avanzadas para identificar, monitorear y, lo más importante, gestionar los riesgos climáticos y ambientales», asegura Frank Elderson, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE, en un análisis en el Blog del BCE.

En 2022, casi el 80% de los bancos solo contaban con prácticas básicas de gestión de riesgos climáticos y ambientales o no contaban con ninguna. Hubo revisiones temáticas del BCE en 2022, a finales de 2023, donde solo nueve bancos atípicos no contaban con los elementos fundamentales para gestionar adecuadamente estos riesgos, y a finales del año pasado, cuando se solicitó a los bancos que incluyeran los riesgos ambientales y relacionados con el clima en sus pruebas de estrés y procesos de evaluación de la adecuación del capital interno (ICAAP) «Estamos finalizando nuestra evaluación y ya vemos que el número de bancos que no cumplen con los elementos fundamentales ha disminuido aún más», dice Elderson.

«Resulta alentador observar que no solo disminuyen las debilidades fundamentales, sino también el crecimiento del conjunto de prácticas sólidas y avanzadas. Por ejemplo, las evaluaciones de materialidad de los bancos son cada vez más sofisticadas y demuestran que la realidad externa se refleja mejor en la comprensión que tienen de los riesgos a los que se enfrentan. Esto ha llevado a que más del 90% de los bancos se consideren actualmente materialmente expuestos a riesgos climáticos y ambientales. Esta cifra es significativamente mayor que en 2021, cuando solo la mitad de los bancos llegó a esta conclusión», añade.

Trabajo pendiente

A pesar de los evidentes avances, el BCE pide a las entidades mejoras en determinados aspectos: «A menudo vemos que las prácticas sólidas de los bancos solo se aplican a un subconjunto, pero no a todas las exposiciones, categorías de riesgo y áreas geográficas relevantes. En el contexto de la valoración de garantías, por ejemplo, vemos que los bancos solo pueden aplicar estas prácticas a los riesgos de transición, pero no a los riesgos físicos. Además, los bancos tienen dificultades para cubrir todas sus carteras importantes. Por ejemplo, los préstamos hipotecarios, una parte considerable del negocio de los bancos europeos, no siempre se consideran completamente en la estrategia de los bancos para gestionar los riesgos climáticos y relacionados con la naturaleza. Además, los bancos están más avanzados en la cobertura de los riesgos climáticos y relacionados con la naturaleza en el riesgo de crédito, pero menos en otras categorías de riesgo, como el riesgo operativo o el riesgo de mercado. Además, los bancos también tienen dificultades con la cuantificación concreta del riesgo en ciertas áreas».

Sí reconoce el supervisor que todos los bancos han incluido el riesgo climático en su marco de pruebas de estrés, lo que representa un gran avance en comparación con 2022, cuando solo el 41% de los bancos lo había hecho.

«Aún queda trabajo por hacer para garantizar que los marcos de pruebas de estrés sean completamente exhaustivos», dice Frank Elderson, y concreta: «Por ejemplo, no todos los bancos han incluido todos los factores de riesgo importantes, las carteras relevantes o los canales de transmisión. Esto sugiere que algunos aún podrían estar subestimados. Es más, no todos los bancos han incluido los riesgos relacionados con la naturaleza en sus marcos de pruebas de estrés, lo cual es preocupante dado que el deterioro de los servicios ecosistémicos es una fuente importante de riesgos financieros».

Además, explica que tres cuartas partes de los bancos aún no contemplan todos los factores de riesgo climáticos y naturales relevantes en sus ICAAP, lo que también indica que los riesgos podrían estar subestimados. Hasta la fecha, solo un tercio de los bancos integra explícitamente los riesgos climáticos en sus planes de capital. De cara al futuro, los bancos deben ampliar la cobertura de sus ICAAP para garantizar que su capitalización sea proporcional al riesgo subyacente.

Riesgos reales

Frank Elderson concluye su análisis advirtiendo que «los riesgos climáticos y relacionados con la naturaleza ya son una realidad y la materialidad de estos riesgos está aumentando claramente […] Por ello, los bancos también necesitan seguir mejorando su preparación».

Y asegura que el BCE seguirá monitoreando la evolución de las evaluaciones de materialidad de los bancos, porque son clave para identificar eficazmente los riesgos prospectivos en los que los bancos deben centrarse. Aunque, en su opinión, «los bancos bajo supervisión europea están bien posicionados para cumplir con los próximos requisitos de planificación de la transición prudencial que entrarán en vigor en 2026».