Larry Fink es probablemente el hombre más poderoso del mercado. BlackRock, la gestora de fondos que preside, es el mayor inversor del planeta, con 5,1 billones de dólares en activos bajo gestión. Este tamaño hace que cuando habla Fink todos escuchen atentamente. Desde hace varios años envía una carta a los consejeros delegados de las principales compañías cotizadas de EE UU y Europa en el que les sugiere qué cambios deberían hacer para mejorar la gestión de esas empresas. El año pasado, Fink les encomendó comunicar a sus accionistas qué planes tenían para la creación de valor a largo plazo. Muchos destinatarios de la carta así lo hicieron. En la misiva de ese año, que acaba de distribuir y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, les advierte que esos planes han quedado en papel mojado porque el mundo ha cambiado y pide a los directivos que se replanteen sus planes para adaptarse al nuevo contexto económico y político.