
La presidenta de Santander, Ana Botín, y la ministra británica de Hacienda, Rachel Reeves, no coincidieron en la City por meses.
La banquera aterrizó como consejera delegada de Santander en Reino Unido en 2010, el año en el que los tres bancos que había comprado la entidad se integraron bajo la enseña española. La hoy política, por su parte, dejó en 2009 su trabajo en Halifax(hasta 2006 había sido economista del Banco de Inglaterra) para saltar al Partido Laborista, donde fue elegida diputada en 2010, en los comicios tras los que David Cameron estrenó algo inédito en el país: una coalición (con los liberaldemócratas).
Ya con sus responsabilidades actuales, Botín y Reeves se encontraron en el último Foro Económico Mundial, en Davos (Suiza), el pasado enero. Del encuentro de ambas trascendió una foto y la Hacienda británica explicó que versó sobre «la estrategia del Gobierno para impulsar el crecimiento y mantener la estabilidad que las empresas necesitan para invertir».
En la cita, la presidenta de Santander atajó los rumores de venta del negocio británico: «Nos encanta Reino Unido. Es un mercado principal y lo seguirá siendo para Santander. Punto». Días después, en una entrevista, dijo de Reeves: «Nos gusta mucho lo que oímos de la canciller de asegurar un equilibrio entre la estabilidad y el crecimiento. Hoy no están sincronizados». «La regulación ha ido muy lejos; hay que promover el crecimiento», es el mensaje resumido de Reeves para la banca.
Casi medio año después, Ana Botín vuelve a dar un espaldarazo, más real que simbólico, a la propia Reeves, justo en la peor semana desde que fue nombrada ministra, hoy hace un año.
Venta y humillación
El mismo martes por la tarde, cuando Santander y Sabadell anunciaban que la primera entidad se quedará con TSB por 3.100 millones de euros, Reeves sufría una humillación a manos de su propio partido porque el Gobierno de Keir Starmer, el primer ministro, tuvo que dar marcha atrás completa con el recorte de 5.500 millones de libras en ayudas a la dependencia -que le había enfrentado a otros miembros del Gobierno- para evitar perder una votación en el Parlamento pese a tener mayoría absoluta.
Al día siguiente, Reeves se deshizo en lágrimas cuando Starmer no la confirmó en el cargo en el Parlamento -lo hizo luego-. Los lloros se interpretaron inicialmente como un indicio de su destitución.
La apuesta de Santander por Reino Unido, que se ha impuesto en la puja por TSB a Barclays -que a su vez está integrando Tesco Bank-, llegó la semana en que se supo que AstraZeneca, la firma con mayor capitalización en Londres (158.230 millones de libras, unos 183.420 millones de euros), se plantea una mudanza a Nueva York, lo que sería un golpe a las políticas laboristas de revertir la depresión de la City en la renta variable.
«Se podría argumentar que la compra del banco muestra confianza en la economía británica, que Santander está preparado para elevar su inversión en Reino Unido y paga una prima por TSB», explica Johann Scholtz, analista de Morningstar.
«La transacción es relativamente pequeña en el contexto del sector bancario británico, pero es una victoria para el Gobierno en términos de apoyo. Es un voto de confianza en la agenda procrecimiento del Ejecutivo», subraya Pablo de la Torre Cuevas, analista de RBC. «Refleja -sigue- que los políticos se esfuerzan en no interferir en el sector privado, a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos.»
Revés
Aunque la posición de Santander es modesta en Reino Unido, la salida del país de uno de los principales bancos europeos habría supuesto un duro revés. El CEO del banco en Reino Unido, Mike Regnier, incluso había aconsejado a Botín no invertir más en el país por la baja rentabilidad.
Reeves se ha mostrado muy activa -dentro de sus funciones- para evitar que el coste del caso de los coches -la financiación de vehículos que se dirime en los tribunales- no tenga efectos devastadores sobre la banca si finamente pierden las entidades.Santander UK, que ha apartado 295 millones de libras (350 millones de euros), puede ser uno de los más afectados.