Ocho años después de la bancarrota de Lehman Brothers, la regulación financiera internacional es más estricta pero dista mucho de ser la refundación del capitalismo que prometieron los líderes mundiales en su día. Europa aprobó hace unos días un amplio paquete de reformas que incorpora con matices las exigencias pactadas a nivel global. Y Bruselas anuncia hoy la última pieza legislativa de calado: un plan para reforzar la estabilidad de las cámaras de compensación, instituciones semidesconocidas pero fundamentales para el funcionamiento de los mercados, de las que depende el 70% de las operaciones con derivados, un mercado que mueve 500 billones de euros (50 veces el PIB de la zona euro) y que serán uno de los caballos de batalla en la negociación sobre el Brexit.