«Una nación abrumada por la crisis busca una nueva burbuja donde invertir», decía el semanario satírico The Onion al inicio del huracán económico desatado en 2008. Sin llegar a tanto, la Comisión Europea lleva años tirando de la misma ingeniería financiera que provocó la Gran Recesión para intentar salir de ella. El Plan Juncker es un gigantesco vehículo financiero basado en el apalancamiento (por cada euro de capital hay varios de deuda para multiplicar sus efectos) con el objetivo de elevar la inversión, que aún así no termina de volver. Bruselas vuelve una y otra vez a esa versión moderna de la multiplicación de los panes y los peces: el vicepresidente comunitario Valdis Dombrovskis presentará la semana próxima nuevos mecanismos financieros —sovereign bond-backed securities, SBBS, nada menos— para tratar de «reducir las vulnerabilidades que quedaron expuestas a partir de la crisis de 2007-2008». La propuesta de la Comisión es hacer el diseño de estos productos para que luego los desarrolle el sector privado.