“No soy un fanático de la austeridad”, aseguró ayer Jean-Claude Juncker. Su Comisión Europea consumará hoy el mil veces retrasado viraje en su política económica: tras la austeridad recetada entre 2010 y 2013 (una máquina perfecta de contracción económica en esos años) y la política fiscal neutral desde 2014, el Ejecutivo de la UE recomienda un estímulo del 0,5% del PIB, algo más de 50.000 millones en la eurozona, para impulsar la mediocre recuperación continental. Bruselas pide reformas para acompañar inversiones o recortes de impuestos. Reclama que gasten más los países con mayor margen, con Alemania y Holanda a la cabeza. Y recomienda cautela en España, Francia e Italia: los países con mayores déficits y deudas.