Una sensación de déjà vu: la crisis griega vuelve cada vez con más fuerza en la antesala de la cumbre europea y a 10 días de Navidad. El Eurogrupo y el mecanismo de ayuda europea (Mede) bloquearon ayer las medidas –tímidas– de alivio de la deuda pública griega a corto plazo, que tenían que activarse automáticamente tras el primer examen del rescate. Grecia salvó ese examen en octubre y la reestructuración llegó la semana pasada. Pero el melodrama griego sube de tono: el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha anunciado un complemento para las pensiones más bajas y la suspensión del IVA en las islas con más refugiados, y eso ha desatado las iras de Alemania y el bloqueo de la reestructuración. El lío no deja de aumentar. El lunes, el FMI cargó contra los socios europeos y Grecia porque considera que las metas fiscales son inalcanzables: Atenas le mandó a paseo y quiere que el Fondo se vaya. La Comisión Europea se une hoy al guirigay: Bruselas rechaza la suspensión de las medidas de reestructuración para la deuda griega. Todos contra todos.