El enésimo revés europeo por los continuos incumplimientos del déficit era más que esperado en Madrid. El Ejecutivo en funciones presentó unas cuentas públicas con un déficit público del 3,6% del PIB, muy lejos del objetivo del 3,1%. España era consciente de que esa carta llegaría: se limitó a prorrogar los presupuestos de este año ante la falta de Gobierno, y el ministro Luis de Guindos ha admitido ya que el próximo Ejecutivo tendrá que aprobar un tijeretazo de medio punto de PIB, tal y como exige Bruselas. Guindos no ha aclarado si habrá nuevos recortes de gasto o, lo más probable, una subida de impuestos que revertiría la rebaja electoralista de Rajoy.