El año 2017 empezó con mucha incertidumbre para la economía global. El presidente Trump acababa de ser elegido, las economías emergentes se encontraban en una situación poco boyante, y Europa se enfrentaba a un ciclo electoral difícil con el recuerdo del referéndum del Brexit aún reciente. Y no es que los amantes de la cuenta de Twitter de Trump hayan quedado decepcionados, pero sí es cierto que sus planes de medidas más proteccionistas a nivel global o no se han materializado aún (NAFTA) o tendrán sus efectos más en el largo plazo. En política interna, y sin contar sus medidas contra la inmigración, la actividad legislativa en materia económica solo se está plasmando ahora, casi un año después de su nombramiento, en una reforma fiscal cuyos efectos sobre el crecimiento son dudosos a largo plazo y ligeramente positivos a corto.

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