Por primera vez desde el inicio de la crisis, el crecimiento global se extenderá a todas las regiones del mundo. Más de las tres cuartas parte de las economías nacionales registrarán tasa de variación positiva en el valor de la producción de bienes y servicios. Algunas de las más importantes de las economías consideradas emergentes abandonarán el estancamiento o la recesión en la que han estado inmersas hasta el año pasado. Brasil, por lo que representa para los intereses de las empresas españolas, es la más destacada. Ese comportamiento favorable del conjunto de esas economías se está reflejando no solo en los indicadores reales, sino también en las variables financieras, especialmente aquellas que reflejan el apetito inversor de quienes no anticipan rendimientos muy destacados en los correspondientes a las economías avanzadas. De no mediar episodios excepcionales, y contando con una normalización previsible de las políticas monetarias de EE UU y de la eurozona, esas economías podrían sostener esa prometedora expansión, contribuyendo al crecimiento económico y del comercio global como lo hicieron antes de la crisis.

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