Christine Lagarde ha acudido con gesto digno cada día al Palacio de Justicia de París. Impecable en el atuendo, tomando nota, ha estado muy sola durante una semana sentada en el banquillo de los acusados. En la gran sala primera del palacio, solo sus hijos y un hermanos han acompañado a Lagarde ante una semana tan dura. Ausentes han estado sus correligionarios e incluso alguno de sus máximos colaboradores.