Una microcámara adherida al cajero automático graba la imagen de la tarjeta que el cliente tiene en su mano. Entidad bancaria, número de tarjeta, fecha de caducidad y número personal (o PIN, por sus siglas en inglés). Todo queda filmado y en poder de unos ladrones que, posteriormente, clonarán el plástico y lo utilizarán para sacar dinero de forma fraudulenta. Pese a sus características, propias más bien de un guion cinematográfico, este embrollo se utilizó de verdad, según cuenta José María López Jiménez, especialista en regulación financiera.