
«Ruido legal». Es el término que se utiliza en Wall Street para referirse a este tipo de acciones que el mercado ya descuenta cuando se anuncia casi cualquier operación corporativa, ya que muchos de estos bufetes considerados «oportunistas» tienen incluso automatizada la publicación de alertas.
Funcionan así sobre todo en ofertas de adquisición de cotizadas cuando se incluye una combinación de pago en acciones y efectivo, ya que la ecuación resultante siempre está sujeta a mayor debate, en función no solo de la evolución bursátil en el pasado sino también de la reacción tras el anuncio.
Fuentes jurídicas explican a EXPANSIÓN que este tipo de transacciones no suele derivar en demandas colectivas que prosperen, aunque reconocen que el riesgo, por pequeño que sea, existe, en la medida en que sí inician investigaciones formales en busca de una base suficientemente amplia de accionistas de Webster descontentos con los que iniciar un procedimiento.
Por muy oportunistas que se les considere en los círculos legales de Wall Street, especialmente entre las grandes firmas del derecho de los negocios, subestimarlas es un error, ya que suelen ser boutiques especializadas en litigios de valores. Exploran cualquier oportunidad, prácticamente cualquier operación que se anuncia con una cotizada en EEUU, pero sólo apuestan por avanzar con los casos más rentables y con altas probabilidades de ganar.
De hecho, a las firmas les supone una fuerte inversión, en la medida en que captan clientes ante la promesa de cobrar solo si ganan el caso, y de financiar todos los costes del proceso hasta que llegue la sentencia. Menos del 3% de las investigaciones lanzadas por este tipo de despachos termina en los tribunales, y la mayoría ni siquiera concluye con una sentencia indemnizatoria.