
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo.
EFE
A pesar de los frecuentes llamamientos del BCE, incluso antes de la pandemia, lo cierto es que la anhelada consolidación bancaria europea no termina de producirse. En realidad, esto no es una sorpresa por cuanto ya en la crisis anterior se hizo evidente que la solución preferida para los bancos en dificultades fue mucho más doméstica que transfronteriza, quizá por la importante implicación de los tesoros nacionales.
Contribuyen a ello razones estructurales como las dificultades inherentes a estos procesos, la persistencia (a pesar de los esfuerzos de las autoridades europeas) de importantes diferencias regulatorias entre los países que afectan de modo relevante
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