Grupos como Samsung, Hyundai o LG son la espina dorsal de la potente economía exportadora surcoreana, un país que terminó la guerra con el Norte como el segundo más pobre del planeta y cuarenta años después ingresó en la OCDE como un país desarrollado. El entonces dictador Park Chung-hee señaló a varios empresarios, a los que pidió levantar el país a cambio del apoyo del Estado. Se antepuso el crecimiento económico a la competencia o la redistribución de los beneficios. Así se logró el que se conoce como ‘milagro del río Han’.