La evolución de los beneficios de las empresas no engaña. La recesión hace años que quedó atrás, los grupos empresariales siguen aumentando los beneficios y las expectativas son razonablemente buenas —si no media algún cisne negro de Trump—, tan buenas como para remontar las dificultades de tipo de cambio en Latinoamérica o algunas consecuencias, por el momento leves, de la persistencia de un precio elevado del petróleo que, para algunas compañías, es fuente de ingresos. Lo que está en la agenda puede ser un problema a medio plazo, pero no el año próximo. Por ejemplo, el fin de la política monetaria expansiva puede tensar el problema de la financiación pública, pero la inercia del tipo medio de los intereses de la deuda española evitará dificultades a corto; y, en todo caso, los bancos, sin ir más lejos, agradecerán una subida de tipos.

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